Ésta es la primera historia “larga” que he podido terminar, porque normalmente se quedan a medias, así que esto ya es un logro para mí -^.^-

Antes de empezar, me gustaría avisar de que No es una historia realista :P no concibo una historia sin fantasía! (Para realidad, ya tengo mi vida :3 creo que una historia sirve para evadirse, vivir aventuras que no puedes vivir en la vida real).

En nada se parece a las grandes historias que tanto me gustan, es sólo un intento de imitación, pero he hecho lo que he podido, quizás pueda mejorarla más adelante…

Me hubiera gustado crear un cómic o algo así, pero no me he atrevido (Sobre todo porque así había más posibilidades de que se quedara a medias), por eso le iré añadiendo dibujos. Así es como yo me he imaginado a los personajes y los lugares, pero cada uno es libre darle el aspecto que quiera, claro.

En fin, espero que os guste (dentro de lo que cabe... jeje)

Adelante! -^.^-

viernes, 6 de abril de 2012

Capítulo 5. Amigos de nuevo


Alice abrió los ojos. Se dio la vuelta en la cama y miró el reloj de bonito diseño que había en la mesita. Eran las nueve de la mañana y no había instituto, ya habían dado las vacaciones de Navidad. Hacía frío y se quedó un rato más en la cálida cama con las sábanas hasta la nariz. Desde allí se veían los copos de nieve caer lentamente por la ventana. Hacía ya días que el pueblo estaba totalmente nevado y seguramente, así sería hasta que llegara la primavera.

Se levantó de la cama y fue a la cocina donde no encontró gran cosa para desayunar así que, sin siquiera cambiarse de ropa, salió con su largo camisón blanco a comprar algunos churros a la cafetería que había al final de su calle. Las miradas y cuchicheos de la gente era algo que no le importaba, al fin y al cabo, no influían en nada; cuando lo que pensara la gente se transformara en flechas asesinas, entonces empezaría a preocuparse.

Después de desayunar, estuvo escribiendo un rato en su libro, añadiendo a su mundo detalles para hacerlo más hermoso, fijándose en la nieve que caía tras la ventana o en los miles de destellos que se veían en la superficie del río, efecto de la luz del sol de la mañana. No aguantó mucho rato escribiendo, desde el día en que discutió con David, cada vez que abría el libro se acordaba de aquello y las ganas de seguir escribiendo desaparecían. Al final terminó haciéndose unos largos en la piscina climatizada. Era agradable nadar en el agua tibia mientras se veía la nieve caer tras los cristales del invernadero.

Unas horas después, ya al medio día, el teléfono sonó mientras Alice leía en la biblioteca, sobresaltándola. Nunca solían llamar al teléfono.

-¿Quién es? – Dijo Alice al descolgar el teléfono.

- ¿Alice? – Preguntó una voz de chica que le resultaba familiar.

-Sí.

-Soy Judith.

-Ah, hola ¿Qué quieres?

- Verás, voy a ir con mis padres tres días a Madrid, a ver museos y eso, y como me resulta aburrido, he pensado que podéis venir e ir nosotros al parque de atracciones de Madrid, dormiremos en un hotel ¿Qué te parece? David viene también.

-¿David?

-Sí, nos lo pasaremos genial.

Alice tardó un poco en contestar, quería ir, le encantaría ir, hacía tanto tiempo que no salía de aquel pueblo, pero iba David y eso significaba pasar esos dos días bajo una atmósfera tensa y molesta, no quería estar así todo el tiempo…

-Sí, iré – Contestó sin darse cuenta, como si su boca hubiese actuado por su cuenta, luego se arrepintió.

-¡Perfecto!, ven pasado mañana a mi casa sobre las siete de la mañana, trae todo lo que vayas a necesitar.

-Vale, hasta entonces.

-¡Adiós!

Al colgar el teléfono se llevó las manos a la cara ¿Qué había hecho? Ahora tendría que aguantar la presión durante esos dos días. Si David hubiese sido otra persona, habría podido ignorarlo perfectamente, era lo que llevaba haciendo toda su vida con la gente, pero él tenía algo especial, de alguna manera, Alice no aguantaba que él la ignorase más tiempo, tenía que hacer algo. Y no pensaba quedarse sin viaje por su culpa.

 No paró de darle vueltas en toda la tarde, incluso tardó en conciliar el sueño cuando se acostó por la noche.

Al día siguiente a las diez de la mañana, Alice estaba en el mirador que había cerca de la casa de David. Seguramente él quedaría con Judith, como todos los días y para ir a su casa siempre le gustaba pasar por allí, tarde o temprano lo encontraría.

No se equivocó, al cabo de un rato, vio a David desde lejos caminando tranquilamente hacia allí con las manos en los bolsillos de sus pantalones negros. Cuando la reconoció, Alice pudo notar su sorpresa a pesar de que él no solía mostrar demasiado sus emociones. Él intentó pasar de largo, pero Alice se le colocó delante, cortándole el paso con mirada desafiante.

-¿Qué es lo que quieres? – Preguntó él de mala gana, mirándola con sus serios ojos oscuros.

-Que dejemos ya las tonterías.

David no dijo nada.

-Judith te ha dicho lo del viaje ¿No? – Preguntó Alice cruzando los brazos – Yo también voy a ir y, sinceramente, no me lo pasaré bien si seguimos enfadados, me molesta la atmósfera tensa que hemos tenido estos últimos meses ¿No te parece que ya es hora de dejarlo? Y no digas que a ti no te molesta porque no me lo creo.

David estaba sorprendido, no sabía qué decir. Alice era tan directa.

-Bueno… yo… - Ésta vez no pudo esconder su sorpresa. Luego se puso serio y casi sonrió – Tienes razón, yo también estoy cansado.

Alice le tendió la mano a David y él se la estrechó.

-Siento lo que te dije aquel día – Dijo Alice.

-Yo también.

Nadie dijo nada sobre el supuesto mundo de Alice.

Después, los dos juntos fueron a casa de Judith y todos pasaron la mañana entre risas, juegos de mesa y videoconsolas.



Era el día del viaje a Madrid. Alice se había despertado a las 4 de la mañana cuando aún faltaban horas para el amanecer. Había estado pensando qué podía ponerse para el viaje, hacía tiempo que no salía de aquel pueblo y le hacía mucha ilusión, al final se había decidido por un vestido corto azul con una pequeña capa verde, unas botas negras, unos calentadores y un gorro a juego. Luego estuvo metiendo algunas cosas en un bolso, cámara de fotos, algunos cambios de ropa, dinero… y al final tuvo que pelearse con el bolso para lograr cerrar la cremallera. También le dejó comida de sobra a Yuki, la gatita blanca que encontró David.

A las siete menos cuarto ya bajaba corriendo su calle. Se le hacía difícil correr con el bolso a cuestas, pero estaba demasiado impaciente como para ir andando. El sol estaba saliendo en ese momento tras las montañas.

En casa de Judith había mucho ajetreo. No tuvo ni que llamar al timbre. El coche estaba frente a la casa con el maletero abierto y los padres de Judith entraban y salían con bolsas, maletas y demás.

-Ah, hola Alice – Le dijo el padre de Judith que salía de la casa con un mapa en la mano al ver a Alice en la puerta – Pasa, Judith está en el salón.

Alice se dirigió allí, donde encontró a Judith sentada en el sofá con pinta de aburrimiento. Judith se alegró al verla. Estuvieron un rato hablando hasta que llegó David y sus padres terminaron de dar vueltas.

Un rato después estaban todos en el coche camino a Madrid. Al principio, estuvieron charlando sobre qué iban a hacer y en qué atracciones se iban a montar, pero al cabo de un rato el cansancio pudo con ellos y acabaron durmiendo los tres. Los padres de Judith los miraban de vez en cuando y se reían.


Los días en Madrid pasaron rapidísimo. Los dos primeros días, Alice, Judith y David estuvieron en el parque de atracciones todo el día de un lado a otro, probando todas las atracciones y divirtiéndose sin parar. Alice se lo estaba pasando de maravilla, aunque a veces se sentía un poco apartada… o quizás era su imaginación; David y Judith hablaban y bromeaban con ella, la tenían en cuenta, pero…

<<Están siempre tan juntos…>> Estaba pensando Alice mientras esperaba a que llegase el próximo vagón de la montaña rusa. David y Judith se habían montado en el anterior, los asientos eran de dos en dos. De algún modo, sentía algo de envidia <<Supongo que es normal, llevan juntos mucho tiempo… a mí hace apenas unos meses que me han conocido>>.

El tercer día estuvieron con los padres de Judith viendo un musical de La Bella y la Bestia que a todos les gustó mucho. Durmieron una noche más en el hotel Emperador, en el que habían reservado la habitación, cerca de la Gran Vía – Judith no había parado de cantar el número del bloque, planta y habitación para que no se le olvidase << ¡Cinco, cuatro, cero, nueve!>> ¡Como para quitárselo de la cabeza!-  y al día siguiente, tras dar un paseo por Madrid, volvieron a Galicia. Fue un viaje genial.



Nochevieja. Alice estaba de rodillas sobre el sofá de la biblioteca, mirando ensimismada por la ventana. Todo el pueblo estaba adornado con luces de colores que parpadeaban por todas partes alegrando la oscuridad de la noche. Quedaban apenas unos minutos para las campanadas y no había nadie en la calle. Seguramente todo el mundo estaba en su casa, pasando los últimos minutos del año con su familia cantando villancicos y todos contentos. Alice no echaba de menos eso, porque nunca había estado con su familia en Nochevieja. De pequeña, sus padres siempre habían estado de negocios y había pasado esa noche con su niñera o algún vecino.

Empezó a sonar el reloj de la plaza con sus características campanadas que Alice estaba harta de escuchar. Aburrida, se desplomó en el sofá mirando la tele de plasma que había entre los libros de la estantería de enfrente. Siempre estaba apagada, y ese día no era una excepción. Seguro que en todas las cadenas ponía “¡Feliz año nuevo!” o cosas por el estilo, pero a Alice no le importaba. Miró el cuaderno negro donde estaba escribiendo “su mundo” que descansaba encima de la mesa. Pronto desaparecería de ese mundo ¿Qué importaban los años, entonces?

-Feliz año nuevo, Yuki – Dijo Alice en voz baja mirando a la gata blanca que dormitaba a su lado – Quizás a ti sí que te importe eso.

Yuki hizo un ruidito, como un gemido y siguió durmiendo. Al rato, Alice también se quedó dormida.

<<¡¡¡DIIIIN DOOON!!!>>

-¿Eh? – Alice se frotó los ojos despacio mientras se incorporaba.

<<¡¡¡DIIIIN DOOON!!!>>

Era el timbre. Se levantó y fue a abrir la puerta, aún adormilada. Al hacerlo, el frío consiguió que se despertase del todo y vio a dos personas conocidas en la puerta.

-¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!! – Gritó Judith – Voy a pasar ¿Vale? Aquí fuera me estoy congelando – Dijo mientras se colaba por la puerta. Llevaba un vestido corto de terciopelo rojo con los bordes adornados con pelo blanco a modo Papá Noel y la cabeza cubierta con una capucha del mismo estilo. La seguía David, vestido con un abrigo negro largo. Alice miró al exterior, había empezado a nevar. Cerró la puerta y se volvió hacia los visitantes, que iban cargados de bolsas, advirtió.

-¿Qué hacéis aquí? ¿No deberíais estar con vuestra familia celebrando el año nuevo? – Preguntó Alice sorprendida.

-Ya lo hemos celebrado, ¡ahora vamos a hacerlo contigo! – Dijo Judith alegre.

-¿¡Eh!? Pero…

Mientras, David se había quitado el abrigo y lo había colgado en la percha. Debajo, llevaba una camisa blanca y una corbata azul. Alice nunca lo había visto vestido tan formalmente.

Judith, cogió las bolsas que David había dejado en el suelo y salió corriendo en dirección a la biblioteca.

-¿A dónde va esa? – Preguntó Alice a David.

-Anda, vamos – Respondió él sonriendo.

Cuando entraron a la biblioteca, Judith había mudado lo que había encima de la mesa a la mesilla del teléfono que había en un rincón y en su lugar, había un mantel blanco con motivos navideños y un plato de golosinas. Judith seguía sacando cosas de las bolsas y colocándolas encima de la mesa: Copas, botellas con bebidas de colores, un plato lleno de uvas, servilletas rojas, velas… etc. Y por si fuera poco, estaba colocando espumillones de colores por todas partes.

-¿¡Pero qué haces!? – Exclamó Alice sin que nadie le hiciera caso.

David encendió la tele y ayudó a Judith a colocar cosas.

-¡Vamos, corre! - Dijo Judith invitando a Alice a que se sentara en el sofá.

 Alice fue hacia allí y miró la tele. Había una imagen de un reloj a punto de dar las doce. No entendía nada, ¡Si ya era año nuevo!

-¡Pero si ya han dado las uvas! – Dijo Alice mientras se sentaba al lado de Judith.

-¡Pero quedan las de Canarias! – Judith rió y le tendió un racimo de uvas.

Enseguida empezaron a sonar las campanadas y Alice empezó a comer uvas, pero iban tan rápido que no le daba tiempo a tragar. Cuando terminaron, Judith miró a Alice.

-¡Feliz año nue…! – Y al ver a Alice con la boca llena de uvas y cara de compromiso, se echó a reír. Depués se le unió David y más tarde Alice, cuando pudo.

Para ella estaba siendo la mejor Navidad de su vida.

2 comentarios:

  1. Gracias! Me alegro de que te guste n.n
    Uy!! se me ha ido el santo al cielo jaja con tantas cosas que hacer no he podido poner más capítulos :P ahora mismo pongo el siguiente -^.^-

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